

La estructura original, en una madera clásica de tonos rojizos, condicionaba la estética del pasillo y el salón, restando ligereza visual al conjunto. Nuestro proceso de intervención comenzó con la retirada de herrajes y una preparación minuciosa de la superficie, un paso fundamental para tratar las molduras estriadas de las jambas y los cuarterones de las hojas, asegurando que el acabado final sea uniforme y duradero.
Posteriormente, aplicamos un lacado profesional en blanco seda, diseñado para soportar el tránsito diario y facilitar la limpieza. El contraste del blanco con los cristales traslúcidos permite que la luz fluya entre espacios, creando un ambiente mucho más diáfano y contemporáneo. Cada ángulo, desde el imponente copete superior hasta los marcos interiores, ha sido tratado con la precisión que solo un trabajo manual especializado puede ofrecer.
